La no rutina

Esta semana ha sido caótica, segunda ola de calor sofocante y el martes hubo tormenta de despiste. Todos los aparatos que nos rodean han ido estropeándose uno detrás de otro y de una de las bocas de riego dejo de salir agua. Las hormigas parecen haber decidido dominar el mundo, están por todas partes y nos muerden sin piedad mientras regamos. La presión del agua sube y baja misteriosamente y dos enchufes no tienen corriente…

No sé cuándo dejo de gustarme el verano; sospecho que en algún punto entre la saturación turística y el cambio climático. Lo que para algunos es un momento de renovación personal, descanso y calma para otros es simplemente el caos. Todo funciona peor y nadie está donde debería, el calor, los turnos de verano, el jardín cerrado y descolocado.

Las rutinas tienen mala prensa, ser rutinario es sinónimo de aburrido, pero en verano echo de menos las rutinas, que al final son todas esas cosas que hacíamos y que llenaban nuestro día el resto del año. Preparar el jardín para los visitantes, desayunar todos juntos o montar el tokonoma. Estos días no hay rutinas, como dirían los argentinos, aquí en verano nos dedicamos a remar en dulce de leche…y con este calor.

This week has been chaotic—a second wave of sweltering heat, and on Tuesday there was a confusing storm. All the machines around us have been breaking down one after another, and water has stopped coming out of one of the water taps. The ants seem to have decided to take over the world; they’re everywhere and bite us mercilessly while we’re watering the plants The water pressure mysteriously goes up and down, and two plug sockets have no power…

I don’t know when I stopped liking summer; I suspect it was somewhere between tourist overcrowding and climate change. What for some is a time of personal renewal, rest, and calm is, for others, simply chaos. Everything runs less smoothly, and no one is where they should be—the heat, the summer work schedules, the garden closed off and in disarray.

Routines get a bad rap—being routine is synonymous with being boring—but in the summer I miss routines, which, in the end, are all those things we used to do that filled our days the rest of the year. Preparing the garden for visitors, having breakfast together, or setting up the tokonoma. These days we don’t have routines; as the Argentines would say, here in the summer we just paddle along in dulce de leche…and in this heat.


Los árboles que se fueron/ The trees that are gone.

Los árboles que se fueron no son muchos, pero Luis siempre dice que se acuerda de cada uno de ellos. Árboles que estuvieron en el jardín muchísimos años y que, aunque ya no están, nos han dejado un montón de historias que contar.

Hoy nos estábamos acordamos de una encina increíble que se fue con la histórica tormenta Filomena que paralizo Madrid con casi un metro de nieve, dejó registros insólitos y temperaturas de hasta -10°C. Esta encina la recuperó Masahiko Kimura en los años 90 en una visita organizada por Luis para visitar la finca de toros bravos de un conocido ganadero. Era una encina ya vieja que no había crecido mucho por el ramoneo constante de los toros. Kimura bajo del Jeep y rodeado por los toros ayudo a sacarla, pinchándose con aquellas hojas tan extrañas para él.

Cuando Luis le contó la perdida de la encina a su amigo José Luis Crespo, este le regalo la que sale en la foto y que, aunque no sustituye a la otra, ha empezado una nueva historia y ya tiene un lugar entre nosotros.

There aren’t many trees that have gone, but Luis always says he remembers every single one of them. Trees that stood in the garden for many, many years and which, although they are no longer there, have left us with plenty of stories to tell.
Today we were thinking about an incredible holm oak that was lost during the historic Filomena storm, which brought Madrid to a standstill with nearly a metre of snow, setting unprecedented records and bringing temperatures as low as -10°C. This holm oak was found by Masahiko Kimura in the 1990s during a visit organised by Luis to the bullfighting farm of a well-known cattle breeder. It was an old holm oak that had not grown any further because the bulls were constantly breaking its branches. Kimura got out of the Jeep and, surrounded by those bulls, helped to pull it out, pricking himself on those leaves that were so unfamiliar to him.

When Luis told his friend José Luis Crespo about the loss of the holm oak, he gave him the one shown in the photo which, although it cannot replace the other, has begun a new story and already has a place amongst us.


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